Espadas y paredes


Como si la inteligencia me dijera tal cosa. Saber mirar quiere decir eso. Me dicen que no entienden. Me dicen que están buenos. Me critican las razones. Me miran sin saberlo. A algunos ni siquiera les importa. Una frase hecha lo dice todo. Si alguien la dice todo el tiempo gana fuerza. Si son muchos los que consumen, más. Hablan de cerebros limpios. Hablan de saberlo todo. Hablan de una cosa que después critican. Dicen blanco para luego decir gris. Y las razones nunca terminan. Y las superficies siempre a la luz. Mas fuertes que las bases. Miran un costado que no es claro. Ese click que hace falta. Ese reverso que no entiendo. Siempre para criticar. Nuca paran. Nuca dejan de decirlo. Nunca conformes. Organizados nunca pueden vencerse. A veces sigue siendo mentira. Como si alguna verdad fuera suficiente. Genios que no quieren salir. Botellas encontradas en un rio. Sin ningún mensaje adentro. Solo de un papel en blanco, si querés, podes sacar una conclusión. Solo si la inteligencia te lo deja.

Crepito

Maderas

“No hay que ser como los chicos,

que no se conforman con que Pinocho, el muñeco de madera,

exista en un libro sino que piden que haya vivido en el mundo”

Adolfo Bioy Casares

El cuento que cuento no es un cuento. Uno pide que no lo sea. Mi historia no dice que no. Mil letras no juntan espacios. Mil latidos no quieren que suenes. ¿Cuántos hacen falta? ¿Cuál sería la razón para no completarlos? Esa cosa habla por sí sola. Ese rostro vale mucho más que mis palabras. Una varita puede no ser una vara. Un hada puede no ser mágica. Un muñeco de carne y hueso. Incompleto. Por la mitad. Una sonrisa le hace falta. Una mirada de mas y se hace. Un momento que pasa y siente rabia. No cualquiera. Mira y busca y no deja de mirar. Cuando encuentre se hará de carne y hueso otra vez. No quiere mentir porque se afea. No cree poder hacerlo. Las patas cortas le hacen mal. Lo que busca parece no existir. Lo que encuentra es que es tarde. Lo que dice parece no ser cierto. Su creador no opina. Los muñecos le aconsejan que no espere a su hada madrina. Le dicen que sí quiere. Le dicen que es bueno creerlo. Le dicen que está muy bien. Le dicen que es mejor que un humano. Mientras, el siente que un gesto, una mirada o un guiño y una vuelta de tuerca bastan para hacerlo funcionar. Y sólo no puede hacerlo.

Crepito.

Mi Pelicula

“Pongo estos seis versos en mi botella al mar
con el secreto designio de que algún día
llegue a una playa casi desierta
y un niño la encuentre y la destape
y en lugar de versos extraiga piedritas
y socorros y alertas y caracoles.”
Mario Benedetti

Un código no muy común. Una repetición de líneas y puntos. Una larga caminata por algún lado no muy obscuro. Un tocadiscos repitiendo siempre la misma canción, solo una parte. Cosas sin sentido pueden llegar a decir una. Frases hechas que no dicen nada. Frases sueltas para algunas mentes. Creando algo que no tiene fin. Buscando lo que no pudo ser. Aunque no me gusten. Aunque crea que no puede ser. Encontrando lo nuevo. Diciendo que no puede terminar así. Soñando con alguna cosa. Despertando en otro sueño. El sueño de alguien que ya vivió. Creyendo en que se puede lograr. Mirando en ese profundo agujero. Con la luz como enemiga. Sin llegar a comprenderlo tal como es. Avanzando hacia la nada. Creyendo que hablamos con ninguno. Pensando en que puede desaparecer. Intentando hablar con todos. Anti-personalizando la cosa. Convirtiéndonos en cosas. Inevitablemente. Una obra sin censura. Un film que no se entiende. Viendo el final tal vez me guste. Un papel con mucho valor para algunos. Y la valoración depende de uno… o de muchos.

Crepito.

Dioses duendes

La vida es una moneda quien la rebusca la tiene
ojo que hablo de monedas y no de gruesos billetes

Juan Carlos Baglietto

¿Cual es la historia? la historia de un duende que no supo ser un duende. Sin saberlo pudo saber. Mucho menos que otro. Cuando los otros creen que uno es dios es más fácil. Cuando los otros piensan, no llegan a nada. Mi historia siempre es la misma. Cuando hablo de mi no puedo. Si las cosas no están puede que yo explote. Mis cosas en desorden no le sirven a nadie, mucho menos a mí. Otra vez con el impulso de irme con ellos. Y las cuerdas nunca se cruzan. Creo en la gente que me extraña. Creo en la gente que no existe. ¿Cómo coordinar un pensamiento? ¿Cómo saber si un loco piensa igual que un cuerdo? Y mientras tanto las cosas pasan. Y uno no puede tener control. Creen que la vida pasa en una moneda. Creen que la vida pasa en una canción. Pero saben que las cosas siempre pasan de moda. Que lo que es hoy, mañana no existe. Que un cuento mal contado puede llegar a ser un cuento. Creen. Creo. Pero ¿Cómo saber si existo? ¿Cómo saber si mi alrededor es lo que es? Solo un gesto puede cambiar el rumbo. Solo una letra de más puede romper el silencio. Y el duende sabe que no es. Y el cuerdo piensa que no es loco. Y el loco dice que es cuerdo. Y, sin embargo, no dejan de crear la historia.

Crepito

Destino

Supuesta fuerza sobrenatural que guía
las vidas de los hombres de forma necesaria y, a menudo, fatal.
Wikipedia

Destino. Mirando hacia atrás capaz que exista. No como una línea a seguir sino como repetición de sucesos. Sucesos elementalmente tan trascendentales que uno no alcanza a descifrarlos. Tan imperceptibles que la mente humana no los puede controlar. Esta tan bien oculto que pensamos que son hechos distintos. La esencia debe ser la misma. Uno dice que está escrito. Otro, que no existe, que tenemos el poder de cambiar con solo elegir otra puerta. Otro, que es subconsciente. ¿Qué valor tendría si uno no puede cambiarlo? ¿Quién puede ser lo suficientemente más poderoso (o menos poderoso) que uno para elegir sobre su vida? ¿Qué parte de la historia estará tan terriblemente escrita que nadie sea capaz de cambiarla solo un poquito? Si alguna persona o cosa puede predecirlo, ¿tendrá el poder de cambiarlo? Y si lo tiene, ¿Qué es lo que predice? La impotencia de sentir que alguien me controla. ¿Quién será ese hijo de mil putas?

Si hay un desino debe ser así.

Crepito.

Extraña forma de no formar parte de ninguna cosa

“No creo que nadie haya menos propenso que yo

a alejarse de los severos límites de la verdad”

Edgar Allan Poe

Solo sabía que lo esperaba sentado, cuando se desconecto del lugar. Salió sin pensar hacia donde. Esperó sin respuesta y, desesperado, rompió en llanto. Cinco años más y no vuelve a llorar. Ella ya no estaba. Él nunca lo supo. Miro a un costado y se acordó. Miro al otro y se olvido. Si mira hacia atrás, no lo entiende. Si mira hacia delante, tiene la sensación de que si. Pero, ¿Cómo saberlo? A veces se siente con suerte y va hasta el fondo. Una luz tenue. Un farol apagado. La llama ya no está. Se apagó hace poco tiempo. En el sillón de mimbre, una señora adolescente. Como si no estuviera. Habla un idioma que no entiendo. ¿O es que no puedo pronunciar palabra alguna? La forma de no formar parte es no hablar. ¿Es eso? ¿O hablar demasiado? Alguna vez pudo comunicarse, ahora no. Suele cambiar de idioma muy fácil. Pero se olvida del anterior. Tiene panza. Tiene algo dentro. No entiendo. No parece gorda. No parece grande. Es solo una niña. Es solo un niño. Sola. Solos. Pero siempre hay una pared. Tantas veces de ladrillo que no se anima a probar más. Sus gritos no suenan, su llanto no se ve y su mirada pasa inadvertida. Cualquiera puede saber cómo reaccionar. Menos él.

Crepito

Solo lo sé...

Uno puede releer un libro,

pero cuando un pullover está terminado

no se puede repetirlo sin escándalo.

Julio Cortázar

Llegar. ¿Llegar a donde? Llegar a donde nadie puede llegar. La soledad no me viene en gracia. Busco puertas. Unas más que otras. Si busco gente encuentro cosas. Unas menos que otras. Siempre hay dos o más. Una, puede ser que alguna vez este ahí. Ahí no más. Y que no la veas. Otra, la ves pero tiene llave. Las otras siempre abiertas. No hace falta romper. Solo llegas a lugares inciertos. No hace falta entrar tan fácil. Hace falta saber mirar. Puertas. Puertas que dejé atrás. Que en algún momento abrí. Puertas con una sola dirección. Dicen que no hay retorno. Pero no estoy seguro. En definitiva, como dijo un primo, (o una prima, o puede ser también un tío… un pariente, bah) la historia no cambia si no elegís otra puerta. Pero puede cambiar en cualquier sentido. Las abiertas de par en par son aburridas. Las cerradas no se ven. Moviendo una mano se puede entrar. Con los ojos cerrados. Lentes obscuros. Si no hay fuerza para sacarlos no voy a encontrar la forma. Si me los saco puede que me enceguezca y no vea las puertas. Una va a la felicidad y la otra a la tristeza. Como si fuese tan tajante. Como si tajearse fuera divertido. Como si sangrar sin sangre fuese otra puerta. Como si la sangre me dijera que estoy vivo. Como si el dolor nunca fuese cierto. Como si las puertas que busco chocaran con mi cabeza. Puertas. Puertas que van a ningún lugar. Como si ningún lugar fuera algo cierto. Como si se pudiera llegar a algún lugar.

Crepito.

Vos no sabes lo que es estar preso

Somos lo que somos y lo que los demás creen de nosotros.
Pero ante todo somos nosotros,
más allá de las creencias que los demás crearan de nosotros mismos.
Jorgelina Silva.
Hay tantos mundos diferentes dentro de un grupo reducido de personas. Solo en cinco puede haber miles. Mientras más conozca, mas mundos hay. Mientras más crea que existen puede que no haya ninguno simple. Muchas personas reclaman en un ratito. Una frase puede romper con todas tus creencias. Muchos ojos lloran para adentro. Algunos se ven rojos, a veces, y otros tristes. Reclaman algo. ¿Algo como qué? Siempre algo nuevo. Siempre lo mismo. Siempre esperando. Reclaman tiempo. Para ellos eterno. Para nosotros finito. Reclaman risas. Piden estar afuera. Apuestan a no ser invisibles. Para algunos ya lo son. Apuestan a que los encuentren. Quieren que los vean. Quieren que los escuchen. Quieren que los entiendan. Aprendamos a mirar desde adentro. Aprendamos a mirar con detalle. Aprendamos a leer su lenguaje. Aunque es muy difícil…
Me miró a los ojos…
Vos no sabes lo que es estar preso, me dijo. Y ya no pude decirle más nada.


Crepito.

Van a creer

Era una almohada a la que tanto consultaban, que ya nadie escuchaba.

En realidad las almohadas no tienen para si tan antigua costumbre humana,

y menos aún a aquellos que no escuchan.

Fito Bergerot


Creo en que algún día todo se arreglará. No creo saber cómo. Ni siquiera sé, si ese arreglo, me va a gustar. Va a caer sobre mí la entereza de todo lo que existe. Van a empezar diciendo que lo consigo. Van a creer en mí mucho tiempo. Van a esperar. Van a creer que para ellos la vida sigue. Van a esperar que yo la siga. Van a rogar. Van a llorar. Me van a seguir por todos lados. Van a creer que estoy con ellos. Van a creer que me fui. El dado siempre cae de canto. Por eso nunca lo uso. Siempre encuentro otro final. Cantan y siguen cantando. Una suerte de desgracia. Dicen y nunca escucho. Gritan cuando me callo. Pierdo el reloj y ni siquiera me importa. Pierdo las ganas y no hay tiempo para buscarlas. Tiendo a pensar que es solo en un lugar. Tiendo a creer que murmuran. La casa parece vacía. Las cosas no tienen sabor. Lo que creo está plagado. Lo que existe ya no es. Lo que escucho es otra cosa. Lo que veo no lo entiendo. Ni siquiera sé si puedo tocar. Estoy seguro de que a mí sí. Pero cuando intento hablar, todos creen saber otra cosa.

Crepito.

Silla y musica

“No sé si será cierto que la ausencia fomenta la indulgencia,
pero no cabe duda de que nos hace ver las cosas con otros ojos.”
Stephen King

Quisiera poder pedirte que no entiendas. Quisiera no decirte que no. Quisiera que la mala pasada no sea jugada. Quisiera que nadie lo juzgue. Quisiera que nadie lo vea. Tal vez que tampoco esté ahí. La aguja sigue dando vueltas. La mesa ya está lista. Las sillas nunca alcanzan, pero sobran lugares. Quisiera que por un segundo no girara. Repito y sigo repitiendo. El televisor no miente. La radio dice que no está. Y el centro del asunto piensa que lo sabe todo. Siempre derecho a algún lugar. Nunca mirando a los costados. Pareciera que están borrosos. Pareciera que no están. Sin embargo existen. Sin embargo me hacen mal. La nueva red me asusta. Con un miedo hipócrita y una pelota, girando en el mismo lugar. Cuando se detiene todo es calma. Cuando rebota no es divertido. Cuando la pasan nunca estoy. Si en la película fuese verdad. Si la historia que cuentan no sea cierta. Si se pusiesen de acuerdo. Cuando sea el momento de las sillas, intentare estar ahí. Solo si la pelota se queda quieta. Solo si la música para de sonar. ¿Podré sentarme tranquilo y esperar?


Crepito.

Si lo dijeras...

“Ojo por ojo deja al mundo ciego”.

Eduardo Galeano

Si supieras. Si lo dijeras siempre. Si lo que no te gusta se te notara. Si la mentira no fuera capaz. Gigante el hombre que pelea. Pequeño el mundo donde habita. Desde arriba puede que no exista. Un vaso de agua y sigue su camino. Una copa con vino y no siente. Otra mentira y no vacila. Un libro abierto en cualquier página. La hora exacta en que no dice nada. La hora incierta en que todo pasa. Eso nunca pasa de moda. Ahí está, latente, en su sillón de mimbre. Colgado de un avión de balsa. Sujeto a nada quieto. ¿Y si no supieras? ¡Qué tremenda verdad oculta! ¡Qué pálida parece ser! ¿Qué dirías si te dijera? El hambre en el hombre no tiene fin. Mucho menos a un pequeño. Aunque el gigante siga peleando. Aunque digan que la unión hace la fuerza. Aunque no exista razón para vencer. Si supieras. Te lo pido…

Decilo.

Crepito.

Patas...

“No se exponer mi plan al mundo, porque no puedo creer que sea así”.
Jaier.
Hay quienes dicen que tiene las patas cortas. El sobretodo está ahí. Hay quienes la piensan demasiado. A algunos les sirve. También dicen que no hace falta. O una cosa o la otra. Las dos terminan mal. Hay quienes no pueden dejar de hacerlo. También están los que dicen no hacerlo nunca. Si las tiene cortas, a veces, anda en avión y, otras, subida a una escalera. Algunas veces se disfraza de lo opuesto. No todos creen que le sienta bien. Un disfraz poco original en estos tiempos. Lo opuesto, dicen que molesta. Si uno dice, el otro cree. Hay solo puntos de vista. Si pudiese ver dónde. Si supiese igualarlos. Mientras espero una respuesta, algunas veces, se que lo va a ser. Mientras siga sin saberlo. Mientras muera por ninguno. Si las ganas fuesen suficientes. La otra podría no creerme. Aunque tenga las patas cortas, muchas veces gana. ¿o será que pierde con el tiempo?


Crepito.

Elena

Elena. Veintisiete años. Una mujer de cabello muy rubio y muy bella. Es la imagen que tengo en mi cabeza.

El día en que se fue llevaba puesto su típico pañuelo color pastel. Con lágrimas en sus ojos y, sin vergüenza, en los míos también, la despedí en el aeropuerto, ella debía irse de Argentina, a cualquier otra parte, escapando de una realidad que nos dejaba a los no viajantes con un nudo en la garganta y mucha impotencia. Luego de besarla y abrazarla durante lo que a mí me parecieron segundos, tomó su bolso de mano, me beso otra vez. Yo, en un impulso, me seque las lágrimas con un pañuelo, luego seque las de ella.

-Una lágrima corta a la otra- le dije.

Ya debía subir al avión asique dio media vuelta y se fue.

Hoy volvió hablando muy bien el gallego. No sé cómo logró rastrearme. Llevaba puesto el mismo pañuelo color pastel y un tapado de piel a tono. Casi no la reconocí, estaba muy cambiada, supongo que después de treinta años es inevitable. Había venido al acto en conmemoración del golpe militar, como una exiliada más y, de paso, visitar viejos amigos.

En el momento en que la reconocí cayeron algunas lagrimas de alegría desde mis ojos, ella sacó un pañuelo que reconocí al instante, me secó las lágrimas.

-Una lágrima corta a la otra- me dijo.

Crepito.

Alas

“Consciente de mi inconsciencia me creo sin fin
Y subo mucho más alto que ayer”

Fernando Ruiz Díaz

Encontrarme en ese lugar donde los ríos están fríos, donde la gente no entiende. Ese lugar que existe solo en los extraños. Anhelando haber podido hacerlo. Queriendo a la otra persona. Viendo como se destruye la cosa. Mientras sube el cielo pensaba en lo obscuro que era todo. En el aire que falta. En lo mojado que estaba. Esté donde esté puedo verlo. Terror oculto en algún lugar. Como si sabiendo pudiese salvarme. Como si alguien me conociera antes de esto. Parece que ahora sí. Parece que la otra parte no existía. Mientras dormía todo empezó. O terminó. A mitad de camino. Desde allá te lo cuento. Desde acá no lo entiendo. Una decisión errada. No creía que pudiese pasar. No creía en mis cosas. Solo había que esperar. En algún momento llega. Mirando a los demás creo no llegar nunca. ¿Estará bueno que llegue ese momento? ¿Dolerá? A los demás, seguro que sí. Lo veo. Los veo. Otra vez las opiniones son dispares. Otra vez lo hacen todos. Y otra vez creyéndome todo lo que dicen. ¿Será posible? De mi amigo se olvidaron. De mi familia también. Y también de esa mujer. Pero sé que va a volver cuando no haya más nada. Estoy seguro que puede salir. Solo tiene que haber nada y lo transforman en todo. Solo tiene que haber todo para que yo lo crea.

Crepito.

Un cesto de basura u otra cosa…

“Nada grande se puede hacer con la tristeza”

Arturo Jauretche.

Un cesto de basura. Nunca pudo saber para qué sirve hacerse el sota. Dentro, una bolsa de plástico. Porque no dejan a las cartas en paz. Las cartas de alguien que nunca se fue de nuestro lado, no se sabe si llegan o no. Que loco. Y en la bolsa un poco de pegamento. Se cree que sabe controlarlo. Aunque no cualquier carta le viene bien. Pero parece que le hace peor de lo que cree. La señora le dice que lo deje, que no lo haga más. El sabe que no puede hacer otra cosa que ningún otro puede hacer. Pero no se convence de otra cosa que no sea para su bien, o lo que él piensa que está bien. Si ninguna carta sale de su mazo, habrá problemas para empezar a enloquecer a Paulina. Un rato antes la tenía un chico de doce años. Juega a que el as salga de su manga. Quizás en algún momento pueda ganar, el piensa. Un vaso de whisky le llega a su mano. A veces sabe que es gratis y no se preocupa. Los primeros son gratis. Se siente mareado pero todavía puede caminar. Son tres o cuatro, más no. El está solo, Paulina esta atrás. Pero no siente a los otros al lado. Pide una carta más. Los otros cuatro apuestan a que llega. Uno solo dice no llegas. Camina por el barrio en su búsqueda. Acaba de perder casi la mitad de su sueldo. Otro, acaba de ganar las mitades de los sueldo de otros. Acaba de perder las últimas fuerzas para pelear. Vuelve a buscar en su cabeza. Vuelve a buscar en la basura. Aparece con media hamburguesa y la panza le cruje. Sin pedirlo, el caviar sabe muy bien. Siente mucha rabia. Entre los seis no pueden llegar a un acuerdo. Después de la bolsa viene la pasta. No siempre es así. A veces gana pero esta vez no. La línea va desapareciendo. Primero uno y después el otro. Van pitando de a poquito. Cada cual en su baño, pero las comparten. Pierde otra mano. No sabe si le quedan balas. Seguro que alguien le da una mano. Está solo. Sabe que después duerme en su lecho. Sabe que no tiene donde dormir. Sale del casino. Caminan por la calle. Uno piensa “que negros de mierda”. Los otros “cheto puto” Se sube a su auto a toda velocidad. Los otros caminan. Y otra vez…

que loco!!

Crepito

 
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